EL COMPROMISO DE HONESTIDAD DEL ESPECTADOR
La verdad de una obra no existe sola.
No se completa en el gesto del artista.
No se cierra en el proceso.
No se garantiza por la intención.
Necesita algo más frágil: la disponibilidad de quien mira.
No para entenderla.
No para aceptarla.
Ni siquiera para compartirla.
Solo para acogerla como posibilidad.
Mirar una obra con honestidad no es emitir un juicio.
Es suspenderlo.
Es permitir que algo actúe sin exigirle inmediatamente sentido, utilidad o respuesta.
La obra no juzga.
No señala.
No corrige.
Solo se ofrece.
Y del otro lado, el espectador tampoco debería apresurarse a clasificar, a descartar, a cerrar.
Porque cuando el juicio llega antes que la escucha, la verdad no tiene dónde quedarse.
El compromiso de honestidad del espectador no consiste en decir “me gusta” o “no me gusta”.
Consiste en preguntarse, aunque sea por un instante:
¿qué pasaría si no supiera todavía qué pensar?
Ahí —solo ahí— la verdad encuentra un espacio compartido.
Este texto está directamente relacionado con mi escrito sobre LA VERDAD EN EL ARTE.
Puedes leer el texto completo aquí →
Nota de la autora
Texto escrito por Ana González, artista visual.
Este texto forma parte de un conjunto de reflexiones que escribo como archivo de pensamiento: un espacio donde quedan registradas ideas, dudas y posiciones que atraviesan mi práctica artística. No todas estas reflexiones nacen con vocación pública, pero algunas encuentran sentido al compartirse. No como respuestas cerradas, sino como puntos de partida para pensar.
Ana
Algunos de estos textos dialogan con otros espacios de reflexión y acompañamiento.
Puedes continuar la lectura en:
Escritos sobre el proceso interno del artista.
Propuestas para acompañar la práctica creativa.
Reflexiones en torno al arte y el proceso creativo.
