Hay días en los que pintar no es un refugio, sino un espejo.

Días en los que el trazo no fluye, sino que raspa.
En los que la imagen que aparece en el lienzo me enfrenta con algo que no quería ver.

Pintar no siempre es liberador.
A veces es incómodo. A veces es triste.
A veces, me obliga a parar y respirar antes de continuar.

Pero he aprendido que ese dolor también tiene un valor.
Porque lo que incomoda, transforma.
Porque lo que remueve, revela.

No todo lo que pinto está hecho para gustar.
Ni para calmar.
A veces, simplemente, está hecho para ser.

Y eso también es arte.

El arte no siempre alivia. Pero siempre revela.

Nota de la autora

Texto escrito por Ana González, artista visual.

Este texto forma parte de un conjunto de reflexiones que escribo como archivo de pensamiento: un espacio donde quedan registradas ideas, dudas y posiciones que atraviesan mi práctica artística. No todas estas reflexiones nacen con vocación pública, pero algunas encuentran sentido al compartirse. No como respuestas cerradas, sino como puntos de partida para pensar.

Si quieres seguir explorando estas ideas, encontrarás otros textos en la sección Mi Archivo de Pensamientos.

Ana